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Feriarte 40ª Edición

Anitgüedades Fernández Verín en la 40ª edición de Ferirarte  La Feria Internacional de Arte y Antigüedades, organizada por IFEMA, celebra su 40º Aniversario del 19 al 27 de noviembre con la participación de 95 anticuarios y galerías de arte, que expondrán miles de piezas exclusivas con más de 100 años. Esta convocatoria conmemorativa contará con…
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El mercado español del arte ha alcanzado en la actualidad sus niveles máximos desde el inicio de la crisis y mantiene, por tercer año consecutivo, un crecimiento positivo del tres por ciento. Este dato, proporcionado por el estudio de la Fundación Arte y Mecenazgo, es llamativo entre las cifras negativas de la cultura española y llena de optimismo a galeristas y anticuarios, motivados a reinventar su oficio por la crisis económica, los dictados estéticos y los comportamientos de compradores que, obligados a ceñir sus bolsillos a lo imprescindible, cuelgan el arte en la pared. Desde hoy se les abre el escaparate más importante para sus tesoros: Feriarte, la feria de arte y antigüedades de Madrid que se celebra hasta el 23 de noviembre en el pabellón 4 de la Feria de Madrid. Su éxito está avalado por casi cuatro décadas de organización y por el testimonio de galeristas y anticuarios.

Muchos de ellos, que en su día acudían con sus padres, hoy lo hacen como herederos o emprendedores de un negocio que tiene veinte días para facturar aproximadamente el 40% de su caja anual –el resto vendrá, seguramente, de extranjeros–, según comentaron cinco mujeres, representantes del sector del arte y las antigüedades, en una mesa de análisis y debate celebrada en LA RAZÓN. En sus testimonios está presente el optimismo comedido y el entusiasmo desbordante ante la cita de referencia en el mundo del coleccionismo, que fue inaugurada aer por el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José IgnacioWert. El deseo fue colectivo: «Receptividad de los clientes y disponibilidad de compra», y también compartida la opinión a priori: «la feria renta».

Porque aunque la inversión de cada fi rma – según sus piezas y necesidades– puede llegar a los 60.000 euros, dijo Ruth Bardia, directora del anticuario Victor i Fills de Barcelona, «Feriarte es un escaparate espectacular para acceder a clientes, merece la pena con sólo hacer un contacto».

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Los retos de vender lo antiguo

En su 38ª edición participan 90 expositores que ofrecerán un material excepcional, desde piezas con más de 100 años hasta obras plásticas de artistas contemporáneos. Como novedad, se celebrará una subasta con objetos que serán expuestos y señalados previamente. Para intercalar con las visitas a los stands, la feria acogerá una exposición fotográfica que exhibirá las obras adquiridas por los museos en otras ediciones y repetirá, tras el éxito de la pasada edición, el espacio «Wine&Art», en colaboración con el Salón de Gourmets, que ofrecerá catas diarias a cargo de las bodegas más prestigiosas de España. Y para los coleccionistas de vehículos, se reunirá una colección de coches antiguos, entre los que deslumbrará el «Berlineta Enasa prototipo», un Pegaso tipo Z-102 que ganó el primer premio en un concurso de elegancia y que está considerado uno de los originales más antiguos que existen.

La organización, presentación y el renombre internacional de la cita hace soñar a los galeristas y también a los coleccionistas que verán «en acción» a las piezas más preciadas y a los anticuarios más entregados en un momento en que, aunque el mercado del arte español se recupera – ocupa el sexto puesto en la Unión Europea, por detrás de países como Reino Unido, Francia y Alemania–, sienten en el sector de antigüedades, que se quedan rezagados.

Según Soraya Cartategui, que dirige su propia galería a la que da nombre, «los anticuarios españoles se han movido muy poco hasta ahora, cuando la situación económica de crisis ha obligado a salir y buscar otros mercados». Para Elena Escudero, que forma parte del negocio familiar Francisco Escudero Anticuarios de Madrid, «el mundo del arte es puro márketing y nos hemos vendido mal. Además, en España se han valorado poco las artes decorativas». Junto a esto se suma la demanda creciente hoy del arte contemporáneo, «mucho más promovido, cuidado y subvencionado» por las instituciones que el antiguo, según coincidieron las cinco representantes del sector en la mesa de debate. La justificación es que «las obras de arte decorativo –ya sea mobiliario, piedras u otros objetos– se consideran piezas de lujo para ricos», según Bardia, cuando en realidad no es ése el público que se busca; de hecho, estos pequeños establecimientos que cierran al fi nal grandes tratos han estado sustentados a diario por un cliente de perfi l medio que no realizaba compras de grandes cifras pero adquiría con asiduidad. Bardia comentó que este cliente «se ha perdido y si no consigues llegar a las grandes rentas, se hace complicado sostener una galería o una tienda».

Nuevos anticuarios para nuevos clientes Entre los clientes de este sector, destaca un porcentaje mayor de hombres con perfi l de edad avanzada. Según Cartategui, sería interesante «educar a los jóvenes para que sean nuevas generaciones de coleccionistas, que tengan interés por conservar las piezas y comprar nuevas». Sobre todo, las participantes de la mesa redonda coincidieron en una falta de sensibilidad hacia el arte que detectan en España, como circunstancia que acrecienta la crisis de sus negocios. Para Escudero, «en este país no hay mentalidad de coleccionismo y además se ha comprado arte en los últimos años por inversión cuando en realidad debe primar el interés por la pieza, su valor para el comprador y por supuesto su calidad » sin dejarse influenciar por el mercado, que actualmente apuesta por lo contemporáneo sin lugar a dudas. Precisamente por eso, «los anticuarios deben tener una visión más global y acercar las piezas al presente cotidiano de los compradores.

Hacer comprender que pueden combinar artículos barrocos con otros de nuevo diseño. El fin es introducir las antigüedades en la vida cotidiana del cliente, que vean las piezas integradas en sus entornos y aconsejarle para ello», según Icíar Sánchez, colaboradora del anticuario Cotanda de Madrid. Por eso, el anticuario y galerista, que desde siempre ha mantenido relación de confi anza con sus clientes, se ha profesionalizado, convirtiéndose en un auténtico experto en sus piezas, consejero para la colocación y persona de confianza que aporta datos y certificados.

«En el entorno de las ferias se ha notado esta transformación. En los stands, por ejemplo, se coloca todo perfectamente, haciendo destacar las piezas más importantes y se contratan decoradores», apuntó Bardia.

En este sentido, ha sido de especial relevancia el papel de la mujer, también determinante en la nueva relación con los compradores por su «mayor empatía y sensibilidad, mientras que en el hombre se aprecia un punto más de comerciante », para Bardia. En cualquier caso, hay que transmitirles «mucha confianza y cuidar el vínculo. Contagiar al cliente la  misma pasión por la pieza que siente el anticuario o galerista, que es, en definitiva, la persona que la encontró, la localizó e investigó para catalogarla y evaluarla», comentó Cartategui como crítica al intrusismo que existe en este sector. Todas coincidieron en que decoradores y seleccionadores de arte «se cuelgan» la etiqueta de anticuario y galeristas cuando en realidad no trabajan sus piezas. «Las antigüedades no son decoración, aunque pueden formar parte de los objetos decorativos de una habitación», aclaró Escudero. Como opinión compartida, coincidieron en que son los diseñadores y los «art consulting» los que más pueden ayudar a introducir sus piezas antiguas en los nuevos entornos. «Las antigüedades se ven como algo viejo», indicó Sánchez, al tiempo que Escudero reclamó que «no hay mentalidad de coleccionismo» en España. Frente a la oportunidad de ocho días para exponer lo mejor de sus «descubrimientos», las cinco galeristas y anticuarias desearon que los clientes visiten la feria con ánimo, al menos, de admirar las piezas y «de pensar que pueden adquirir parte de la historia que, con el tiempo y los años, no pierden valor, sino todo lo contrario, lo ganan », subrayó Escudero.

 LA FERIA ABRE HASTA EL 23 DE NOVIEMBRE en el pabellón 4 de IFEMA, con 90 expositores, una subasta, una exposición de coches y catas de vino.

«LAS ANTIGÜEDADES SON PIEZAS QUE  se revalorizan con el paso de los años. Hay que pensar que posees parte de la historia cuando compras estos artículos»